domingo, 25 de abril de 2010

Cortés, Cortés, Cortés...

Siempre veremos con asombro lo que es nuevo para nuestros ojos. Si a esto le sumamos la sensación de dominio sobre lo que acabamos de conocer, resulta entonces algo mágicamente fascinante. Fue precisamente lo que sucedió con Cortés al llegar a nuestro continente. Ese es un punto de la historia en donde claramente vemos la disyunción de los latinoamericanos frente a alguien extranjero.
No es coincidencia que entre mexicanos, guatemaltecos, chilenos, panameños, etc, nos sintamos como hermanos, pero llega alguien de alguna otra nacionalidad fuera de América Latina y la actitud es totalmente distinta. Está la sensación de inferioridad.


Llega Cortés y, por sensación de culpa, por la creencia en los Dioses, o por lo que sea, logra tomar posesión de las ciudades prehispánicas. ¡Cómo no se iban a 'aprovechar' de ésto los españoles! Hasta se podría decir que fue más sencillo.
Y sí, "abusaron" de su hospitalidad, pero con permiso de los habitantes.
Como latinoamericanos, y sobre todo como mexicanos, no vemos la postura de que eso sucedió hasta donde lo permitimos (y paradójicamente seguimos hablando en plural). Que si sucedió todo relacionado con la conquista es algo que se tiene que entender para poder continuar. El camino más fácil es 'olvidar', aunque se sepa qué pasó, olvidamos el cómo.
No es algo que no conozcamos, pero sería bueno momento para ya de una vez hacer a un lado los resentimientos y complejos porque el mundo globalizado exige ir a la par o desaparecer. Para dejar a un lado las etiquetas como "tercermundistas" o incluso "latinoamericanos", porque esto no tiene porque hacer menos nuestra dignidad.

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